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sábado, 14 de enero de 2012

Orsay y Manet

Hace casi un año fui por primera vez a París. Fue un viaje inolvidable, pero ahora no os voy a contar todo los detalles, los mil paseos que dimos ni los mil edificios hermosísimos que conocimos (como ya habréis supuesto).

El Musée d'Orsay me enamoró sin más. Se las hizo de rogar para que entráramos (ya que había una cola enorme de una hora) pero valió la pena... ¡y tanto!

Me pareció un museo diferente, por ese ambiente en la estación, con los relojes tan grandes contemplando todo. Y las pequeñas salas todas bien distribuidas por temas o autores. Siempre he salido contenta de los museos a los que he ido pero, en comparación, os doy mi opinión:
1. Algunos son excesivamente grandes. Esto es un problema para las guiris como yo que pretende patearse el Vaticano o el Louvre en un par de horas y salir de allí vivas... No quieres irte sin dejar NADA, pero al salir no te acuerdas ni de lo primero que viste. 
2. Algunos museos son palacios por dentro. Y eso no es ni bueno ni malo, tienen más valor. Pero el Musée d'Orsay me trasmitió más recogimiento.
3. Me encantó los estilos que tiene. Autores que ni siquiera conocía (como es lógico...).  Siempre me he decantado mucho por el realismo, pero salí de allí con las ideas muy cambiadas.

Podría perderme en la página web del Museo...¡qué ganas me han entrado de volver! Pero me he decidido por enseñaros a Manet, impresionista francés del cual tienen muchas obras. Me ha encantado.

Licor de ciruela. 1877

La primavera

"El Ballet Español". 1862

Nana

Pompas de jabón

Argenteuil

En la playa

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